miércoles, 28 de octubre de 2009

“Escuela media en crisis: una oportunidad de cambio”

La escuela media sufrió cambios estratégicos a lo largo de la modernidad, según la formación que pretendían lograr a través de ella. En principio, otorgaba una formación humanista o clásica e incluso estaba destinada sólo a sectores privilegiados de la sociedad, esto es, a la clase alta.

Como consecuencia de las ideas modernas en cuanto al desarrollo de pedagogías, y cambios en lo económico-social tras la Revolución Industrial, comienzan los cambios en la escuela media. Los cambios en lo político se desarrollan como producto de la Revolución Francesa; la educación pública desde entonces es incumbencia del Estado. Más adelante, ya a fines del Siglo XIX, la escuela sufre cambios curriculares por la incorporación de nuevos sectores sociales. Aquella escuela clásica “preparatoria” se enfrenta a la necesidad de incorporar una formación profesional para generar la mano de obra que necesitaban las industrias. Esta formación era para los sectores sociales más bajos que no tenían interés por una formación clásica. Esa necesidad de formar trabajadores de la industria es semejante al período peronista que se vivió en nuestra Argentina, pero que tiene su cuna después de la crisis del ’30 cobrando fuerza hacia los años cuarenta. Hoy día la escuela media en Argentina mantiene un sistema de organización de asignaturas, tanto en el ámbito público como el privado, en el cual tienen pocas horas de una materia y un número aproximado de nueve materias por año .

En tanto, la escuela como institución paradigmática de la modernidad tiene características muy bien expresadas por Obiols: “La escuela moderna,... es una escuela abierta al libre pensamiento y a la innovación producto del desarrollo de la ciencia... Gestada sobre la base de la idea de un futuro mejor,... le escuela moderna intenta la formación del espíritu y la búsqueda del saber por el saber mismo,... se busca formar una persona autoconciente, que haya logrado la comprensión crítica de contenidos científicos o humanísticos socialmente significativos, desarrollando habilidades intelectuales generales y específicas según el campo,... actitudes hábitos y valores inspirados en las concepciones éticas de la modernidad...” Esto nos dice que el sujeto adquiere un pensamiento crítico, libre y que es responsable de sí mismo. Además estas características de la escuela moderna son las que se verán en crisis hacia nuestros tiempos y que trataré más adelante.

Por otro lado, el adolescente moderno era marginado por el adulto (padre o madre). Su personalidad era introvertida, insegura, rebelde dentro de sus posibilidades, pero que desde su posición buscaba la originalidad, su identidad. Para lograr esto, admiraban características de otras personas, a las que imitaban y homenajeaban, sean éstas sus padres, profesores o cualquier otra persona.
Esa identificación cumple un papel fundamental en el crecimiento paulatino de la identidad del adolescente. A pesar de que algunos estudiosos consideren que los adolescentes ya no se rebelan con el entorno en el que crecen, y que ya no se identifican con profesores o padres, personalmente considero que el ejemplo sigue siendo un mecanismo determinante de la formación de la personalidad, porque, de una u otra manera, hay pequeños rasgos que, como actor pasivo, el adolescente va adquiriendo de sus mayores. El niño, ya adolescente, no crece aislado del mundo sino más bien conviviendo con una realidad que muchas veces, hoy por hoy, se considera que no es la adecuada para su educación, o no es la que quisiéramos que sea.
En este sentido, se trata de predecir qué pasará con un adolescente que vive en una realidad social, cultural y económica llena de conflictos, en constante “re-organización”; leyes de educación que cambian según las ideologías e intereses (económicos, sociales o políticos) del gobierno de turno, luchas salariales que interrumpen el desarrollo normal del ciclo lectivo, de la tarea del docente, y que sobre todo interrumpen el desarrollo de las habilidades, destrezas, conocimientos y valores que deberían incorporar los alumnos, y por último, profesores que, alejados del conservadurismo, asumen un rol afectivo, de “compinche”, faltan a las clases, toman licencias especiales o que simplemente no dan el ejemplo.

Apartándome por un momento hacia el aspecto económico, la realidad también indica que no todos los egresados de la escuela media tienen la misma posibilidad de seguir estudiando una carrera específica en el nivel superior debido a las necesidades económicas familiares. Además se complejiza la situación sabiendo que cada vez se requiere de mayor especialización y que un titulo secundario no es garantía de trabajo digno, seguro, “en blanco”. Entonces muchos optan por carreras cortas, terciarios, tecnicaturas que le den la posibilidad de una salida laboral inmediata. Así y todo, con mucho esfuerzo, el adolescente termina la escuela media “por el titulo”, frase que se escucha entre las voces de los protagonistas de este debate.
Para ellos (los adolescentes) la escuela es aburrida, preguntan con constancia “¿para qué me va a servir estudiar esto?” “¿Por qué tenemos que estudiar?”. Sin proyectos de vida, sin proyecto de país, los alumnos no saben qué va a ser de ellos, están a la deriva, viviendo el día a día, disfrutando del momento. Estamos frente a lo que Obiols considera escuela moderna versus alumnos posmodernos.
Me parece que a lo largo de la historia de la educación no se criticó tanto a la institución educativa del nivel medio y nunca de dudó tanto de su finalidad como ahora. Una respuesta, muy subjetiva, a esa afirmación, es que nunca se escuchó al alumno, o no se le permitió hablar; ese “permiso”, ese oír, implica una reflexión del adulto acerca de lo que ellos quieren ser o hacer, pero ¿desde cuándo se tiene conciencia y raciocinio en la edad donde se busca la verdadera identidad?, ¿cómo pueden saber que quieren si no saben quiénes son? Esta nueva generación está desinteresada, no sabe por qué ni para qué, pero sobre todo no son educables, ¿qué es esto? Un ser educable es alguien que puede recibir educación, pero no en el sentido de que no tiene la capacidad, sino por el aburrimiento que implica para ellos sentarse ochenta minutos a escuchar al profesor dando un discurso, porque lo que ellos quieren es escuchar las indicaciones del profesor, lo que lleva cinco a diez minutos, y ponerse a trabajar. Es decir, las clases teóricas, aquellas de la escuela clásica, no concuerdan con el alumno contemporáneo.
Todo esto repercute en la resignación del profesor frente al alumno “indomable”, y ¿qué provocó? que el sistema cambie las estrategias de aprendizaje, pero esto no por el sistema mismo, sino por la influencia del ámbito social en la institución, por la “cultura de la imagen” como aporta Obiols, por la influencia de los mass-media, los alumnos quieren cambiar de canal.

Para retomar la idea del escepticismo sobre la educación media, cabe agregar otra respuesta, que es la descontextualización del contenido, la finalidad práctica de los saberes (conocimientos) afirmados en cada conciencia, ahí donde los alumnos preguntan “y esto, ¿para qué me sirve?”. Sacan fotocopias, se copian en los exámenes, las lecciones son estudiadas de memoria y repetidas en la oralidad de forma mecánica. Se perdió el sentido común, los “deberes” no son más, ahora son “tareas”. La disciplina no tiene lugar y el respeto se perdió en el paso que se dio para “acortan las distancias”. Conocí un caso de una escuela en estos tiempos, donde desde la dirección se empezaron a pautar normas de “re-ordenamiento”: el horario de entrada se cumplía a raja tabla, pasados los minutos la puerta se cerraba, durante las horas de clase no se salía del curso para ir al baño o a pasear por los pasillos. El control era constante, había casos de personas ajenas a la institución, amigos que venían a ver a los en clase, que se encontraban con la puerta cerrada. Sin embargo, en esa escuela reinaba un clima de estudio, de respeto y tranquilidad. El resultado de esta normativa provocó la deserción de aquellos que no estaban dispuestos a acatar dichas normas. Durante un año la escuela tuvo que arreglar un nuevo problema, la escasez de alumnos. Hoy día, alumnos acostumbrados y nuevos educandos conocen que el reglamento es así, y sin muchos problemas se adaptaron a la institución, logrando ésta balancear aquella escasez.

Para terminar esta explicación de la realidad considero importante agregar el trato del adulto pequeño que dejó de ser, dando lugar a la infantilización de los adolescentes. Si tenemos en cuenta lo pedagógico y lo didáctico, el vaciado de contenido, que se produjo ya desde la implementación del currículo que apareció con la Ley Federal de Educación, se acrecienta a la hora de “bajar” esa información al alumno, ya sea con el uso de manuales o con las explicaciones suministradas a los alumnos para que tengan “aunque sea una idea general” del tema tratado. No digo esto por criticar a la didáctica, sino por la capacitación de los docentes, porque cada día se necesita más especialización para todo y eso no escapa a la tarea del formador. Pero resulta que mientras el docente titular se perfecciona, para lo que toma licencia por estudio o por “estrés”, lo suplanta otro en el cargo, “otro” que tiene título habilitante o supletorio, que se ocupa de ese curso de escuela media que necesita del ejemplo del profesor; porque esos alumnos están cayendo en la realidad social, encontrándose con el “profe compinche” que está ahí para contenerlos en tanto vuelva el docente titular.
Ya que mencioné la formación del docente, me concierne la importancia de la creatividad aplicada a la enseñanza, sin llegar al límite de ser sólo un recreador o contenedor del alumno, para darle a éste lo mejor. No darles de comer (encima comida masticada) sino enseñarles a pescar, generar la conciencia crítica, abierta al debate, con amor a la lectura y, por qué no, que se animen a la escritura. Todo esto evaluando los procesos y resultados de cada encuentro, como la profesora de francés, Paulina, dando el ejemplo, sin acortan distancias, sin hablar de nuestras cosas personales y paradójica e inconscientemente ir sembrando riquezas: “apasionamiento por la tarea, esfuerzo y contracción al estudio, aprovechamiento del tiempo, alegría por los resultados alcanzados, respeto mutuo en la realización de una tarea común, etc.”
La crisis de la modernidad dejó un nuevo escenario social en la escuela media caracterizado por la incertidumbre tanto de alumnos como padres y agentes de la educación. El hecho de no saber el para qué, de la imposibilidad de ver el contexto, de alejar los saberes escolares de la vida práctica, sumado a las dos reformas de la ley de educación vividas en los últimos catorce años, se refleja en quienes sufrieron las mayores pérdidas, los mismos estudiantes.
Mientras se decidía si enseñar saberes generales, polivalentes, socialmente significativos y útiles para el perfeccionamiento futuro (Ley Federal), o mejor una educación con orientación profesional, específica, enfocada a la formación técnica, podemos ver resabios de los resultados que se están produciendo.
La educación media moderna, clásica, “preparatoria”, que llevaba la misma cantidad de tiempo que lleva hoy la escuela secundaria, parece resucitar hoy en cursos de apoyo para el ingreso al nivel superior que se dictan en el último año del nivel medio, incluso alguien preguntó “¿Cuántos chicos están realmente preparados para dar el gran salto?” . Pareciera que esos cursos de apoyo vienen a “reparar” el deterioro que se produjo en la escuela media. Tratan de arreglar la falencia que dejó la Reforma Educativa con un curso, que encima es optativo, para evitar los bochazos en las facultades, cuando en realidad hay que reivindicar esa formación en la misma escuela media y no como un curso aparte para los que “realmente” están interesados, porque estoy segura que no todos tienen la misma voluntad para levantarse un sábado a la mañana para asistir al curso de apoyo y no por eso significa que no deseen seguir estudiando. Nuevamente, con los alumnos que no hacen los cursos y son bochados, nos encontramos con casos de deserción escolar. En principio el pasaje de una nivel a otro y su respectivo efecto fue un caos, pero ahora nos resulta familiar escuchar sobre “los bochazos”. Sin embargo es el nivel superior desde donde se trata de resolver este tema, siendo que es un problema que incumbe a los responsables de la formación media. Definitivamente hay que pensar de nuevo en aquella preparatoria del nivel medio para el nivel superior y no en una educación polivalente que abarca mucho pero aprieta poco.
La postura de la institución media deberá acomodarse progresivamente a la nueva Ley Nacional de Educación, y con ella comenzará el regreso a las bases. Experiencias enriquecedoras, sin infantilizaciones, preparando al joven para el trabajo, y para que continúe con sus estudios superiores luego de haber fortalecido sus capacidades naturales y de haberlo guiado en parte hacia el desarrollo definitivo de su conciencia.
La escuela como institución seguirá regulando el comportamiento individual, el timbre de entrada seguirá sonando. Sólo hay que revalorizar el abanico de posibilidades que se deposita en el alumno al enseñarle a defenderse ante la realidad que le toque vivir. Hay que mirar para adelante y generar en ellos el valor, el respeto, la solidaridad y todas esas palabras que nos resultan utópicas a la hora de hacer. Como dije antes, hay que enseñarles a pescar, pero este “pescar” entiéndase de modo simbólico y no literal, esto es, que capten el medio, que sepan leer entre líneas sin dejar de lado el contexto, que sean responsables, críticos, y que transformen esa realidad sabiendo que el conocimiento es una herramienta poderosa.
Nosotros no tenemos que resignarnos a pesar de seguir escuchando la pregunta “¿para qué me sirve?”, “¿por qué estudiar?”, es la oportunidad que tenemos para hacer historia, para fundamentar las respuestas a esas preguntas, saber qué persona o sujeto social queremos formar, hasta que no escuchemos más esas preguntas y toque el timbre de salida.


Bibliografía:
- Obiols, Guillermo – Di Segni de Obiols, Silvia (1993) Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria: la crisis de la enseñanza media.
- “Para evitar los bochazos” en El monitor. Revista de Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología de la Nación. N° 11 – 5° Época. Marzo/Abril 2007.

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